La división interna en Turquía se confunde con la bandera

Trabajo para la asignatura de Corresponsales de guerra del máster de Política Internacional de la Universidad Complutense de Madrid. A 15 de diciembre de 2016.

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En verano de 2016, la noche del 15 de julio los turcos salieron a la calle con banderas rojas lunadas. Subidos a los tanques en la plaza de Taksim los manifestantes se mezclaban entre aquellos que celebraban el golpe de estado realizado por los militares secularistas y los que se enfrentaban al Ejército tras el llamamiento improvisado y desesperado del presidente Recep Tayib Erdogan.

La confusión del momento no permitió aclarar a los medios de comunicación quienes vitoreaban a los militares y quienes les abucheaban en las grandes ciudades. Las imágenes que nos da Sally Sara en Foreign Correspondent1 nos enseñan cómo fue aquella noche en Estambul y qué escenario ha dejado este hecho en Turquía tres meses después. A su vez, Eduardo Saldaña2 emitió por Periscope3 minuto a minuto la última hora del golpe, intentando descifrar los posibles escenarios y respondiendo a las preguntas de más de veintidós mil espectadores que le siguieron en directo. Ambos formatos audiovisuales -el documental posterior y el directo- nos permiten hacernos una idea de lo que ocurrió, cómo se vivió y a quién ha afectado directamente.

“BBC World informa de que tienen secuestrado a Hulusi Akar, jefe del Estado Mayor. Erdogan todavía no ha dicho nada”, así comenzaba Saldaña a comentar durante cinco largas horas cómo se desarrollaba la noche en Turquía. Sus fuentes en la propia ciudad de Estambul le iban contando las noticias de la TVTürk y enseñando vídeos sobre el tenso estado de las calles.

El formato de pantalla propio de lo smartphones y su cara como imagen principal fue lo único que podían visualizar sus viewers, pero gracias al formato de feedback con preguntas y respuestas pudo aclarar y explicar por qué se estaba desencadenando el golpe. “Puede resultar sorprendente en Europa, pero se veía venir. Turquía es un país que está dividido y el Ejército tiene mucho poder”.

  • ¿Por qué? – Preguntaban los espectadores.
  • El Ejército está muy relacionado con las élites seculares turcas. Y clases sociales aparte, la población musulmana en Turquía forma el 96.1% de la población. La famosa reforma que llevaba a cabo Erdogan estos últimos años era para cambiar drásticamente la Constitución y acabar con el secularismo.

Pocas horas después, Eduardo anunciaba cómo CNNTürk emitía una video llamada del presidente Erdogan quitando hierro al asunto y llamando a los ciudadanos a tomar las calles “en defensa de la Democracia”. Aquel momento lo recoge Sally Sara para recordar cómo en las plazas y los puentes de Estambul se reaccionó fuertemente a la llamada contra las fuerzas militares.

El reportaje se desarrolla en la ciudad de Estambul en calma tres meses después del golpe. Las entrevistas se intercalan con imágenes y vídeos en diferido de los momentos de los tiroteos a la población, el corte del puente del Bósforo, la bomba que cae en el Parlamento o la ocupación de las redacciones más importantes de la ciudad.

Las imágenes de la ciudad tranquila reflejan muy bien la diferencia entre los musulmanes y los seculares: la forma de vestir y los lugares que frecuentan son buenos ejemplos para comprender lo enriquecida que está la sociedad. Turistas a parte, los turcos son personas occidentalizadas que se han adaptado a las modas europeas sin importar la religión que practiquen.

Safuye Bayat es una de las entrevistadas: fue disparada en la pierna al enfrentarse a los militares en el puente del Bósforo. Las impactantes imágenes emitidas en directo la han convertido en un símbolo de la resistencia frente al golpe.

Por otro lado encontramos a Ahmet Kinay que tras el golpe ha visto cómo su hijo fue detenido sin ningún motivo aparente acusado de pertenecer a la rama gülenista. “Erdogan ha simulado un propio golpe para aumentar la represión”, explicaba el líder exiliado Fetullah Gülen desde Estados Unidos. Estas declaraciones se mezclaban con las imágenes de centenares de detenidos esposados con bridas caminando hacia las comisarías de Policía.

Buscando fuentes oficiales que expliquen la injusta detención de ciertos ciudadanos como el hijo de Kina, Yasin Aktai, portavoz del gobierno de Ankara, explica que es muy difícil hacer detenciones y discrepar entre culpables e inocentes dentro de un estado de emergencia. “Estamos siendo muy sensibles”, explica desde un despacho oficial con una pancarta del AKP por detrás: “El país tiene cáncer y vamos a luchar contra él”.

Erdogan necesita ganarse la confianza europea y la está perdiendo. Así lo explica Gareth Jenkins, autor y académico que afirma cómo tras haber ganado la suficiente confianza de Occidente “Erdogan ha mostrado su cara más islamista y represora”. ¿Pero es esto cierto? Saldaña explica que resulta natural que en un país de mayoría musulmana se quieran cambiar ciertas medidas y presenta a Erdogan como un líder carismático, votado democráticamente y abierto al dialogo con el PKK (Partido de los Trabajadores de Kurdistán). “Puede gustar más o menos pero es el primer líder en abrir diálogo con los kurdos, cosa que el Ejército no hubiese permitido nunca”.

Desde Foreign Correspondent buscan una figura política contraria a Erdogan, así encontramos al actor turco Levent Üzümcü, muy crítico con las políticas de Erdogan que fue capturado en la famosa compañía de Teatro de Estambul antes del golpe por expresar continuamente sus puntos de vista políticos. Üzümcü pertenece a un colectivo comunista que realiza mítines en las calles repletas de banderas turcas: la imagen más representativa es la de un niño de cinco años con una camiseta de Ernesto Guevara. El choque para el espectador resulta sorprendente.

El pluralismo político sigue existiendo, aunque por otra parte no se puedan ocultar las detenciones tras el golpe. Y es que no podemos olvidar que Turquía está metida de lleno en una crisis que viene desde Siria, los refugiados y los atentados terroristas dibujan un panorama muy difícil de gestionar.

En Estambul, Sara entrevista a varias personas respecto al “miedo terrorista”. En la misma calle Istiklal, donde en marzo pasado murieron cinco personas y más de una treintena resultaron heridas los viandantes muestran sus temores: “no sabemos quién realizó el atentado”, afirma un joven turco; “la vida bajo la amenaza terrorista resulta difícil de planear”, comenta una chica que estaba de compras. Y es que Istiklal es como la Gran Vía de Madrid, una calle llena de tiendas de primeras marcas por donde cruza un lento tranvía entre gatos y viandantes.

 

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