El mundo contemporáneo de Hobbes

Ensayo para la asignatura de Corresponsales de guerra del máster de Política Internacional de la Universidad Complutense de Madrid. A 27 de octubre de 2016.

 “La humanidad ha entrado en una era de sostenibilidad”.

Así definía el pasado 26 de septiembre el panorama mundial el secretario de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon. A pesar de lo sesgado que resulta extraer una cita para definir el panorama estratégico mundial, desde la ONU parecen estar tranquilos. Los diecisiete objetivos[1] que se han planteado para 2030 ponen en tela de juicio los problemas clave para el desarrollo mundial. Los planes de actuación ya están en marcha, ¿cumplirá la ONU sus promesas?

Con cerca de 35 conflictos armados activos, más de 66 millones de personas refugiadas y desplazadas y 125 millones de personas viviendo en una situación de crisis, este ensayo se centrará en un análisis global a través de los informes de estudios estratégicos más importantes utilizando una metodología comparativa con los últimos titulares de la prensa internacional.

Las estadísticas de los conflictos armados sugieren un cambio de ruta más pacífico desde casi 20 años de paz tras la guerra fría. Pero en Oriente Medio y el Norte de África, los acontecimientos de 2011 ya no se ven tanto como una idílica “Primavera Árabe”, sino como el inicio de una década de inestabilidad y conflicto[2]. Estas revoluciones dieron el pistoletazo de salida al cambio, pero éste no existe sin violencia, así lo explicaba Freud en su correspondencia con Einstein en 1932: “Para establecer un nuevo orden legal es necesaria una guerra”.

El Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) hace un balance dicotómico sobre eventos mundiales dividiendo los conflictos en positivos y negativos. Elaborando una retahíla de buenas noticias que dan un respiro al mundo se olvida de comentar el detalle de que nunca llueve a gusto de todos. Por ejemplo: cita como buena noticia que Irán y Estados Unidos han resuelto sus diferencias y,  junto a cinco países de la Unión Europea, han acordado un plan para regular el programa nuclear iraní[3]. Esta decisión alivia a Occidente y enfurece a Oriente Medio, Arabia Saudí e Israel han estrechado sus lazos creando una tensión que necesitará nuevas negociaciones en un futuro para evitar conflictos mayores.

Por otra parte, la lucha contra el terrorismo ha entrado en nuestras vidas de lleno con los ataques sufridos en nombre de la yihad en Iraq, Siria, Turquía, Nigeria, EEUU y Europa por parte del grupo terrorista Estado Islámico. La ola de refugiados que ha provocado la guerra de Siria ha silenciado a los refugiados que llevan viniendo a Europa, atravesando España, desde hace más de 20 años por el Estrecho de Gibraltar. Los gobiernos europeos empiezan a repartirse el flujo migratorio mientras cierran las fronteras de Schengen y el sueño de “la Europa prometida” se esfuma ante los ojos de millones de personas.

En Estados Unidos llevan más de un año con la 58ª campaña electoral que ha terminado enfrentando a Hillary Clinton con Donald Trump. Juicios aparte, el candidato ganador se enfrenta a un escenario internacional en pleno movimiento, cerrar los acuerdos del Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) y solucionar sus vaivenes con Rusia son decisiones que tienen en standby a más de la mitad del globo terráqueo.

“EEUU ha participado en 201 de los 248 conflictos librados en los últimos 71 años”[4]

Según el Conflict Barometer del Heidelber Institute for International Conflict Research 2015[5], en su índice, el único conflicto influyente que destaca en 2015 dentro de las Américas -haciendo referencia al continente entero- se desenvuelve dentro del país mexicano. Los cárteles de la droga en guerra con el gobierno  de México (y Colombia) dejaron 156 muertos el año pasado y son los conflictos que desarrolla con más interés el barómetro alemán. Y parece natural este análisis, ya que el cartel de Sinaloa y el Chapo Guzmán han sido la historia mediática que más suena en los medios europeos. Desde España, podríamos añadir que por razones políticas hemos aprendido mucho también sobre la crisis institucional de Venezuela.

El HIIK sí que explica que los conflictos en América han ascendido de 3 a 53 en un año. Hace una referencia breve a la nueva violencia de los indígenas Miskito en Nicaragua, al conflicto constitucional Venezolano y sus roces con Colombia, la pobreza de Haití y las maras del El Salvador. Pero en referencia a los Estados Unidos sólo aparece en situaciones de conflicto como el desbloqueo económico de Cuba, la polémica de Guantánamo y sus problemas fronterizos con México.

Obviar la idea de que Estados Unidos es el país con la política exterior más controladora del mundo se podría considerar una excusa para no introducir un capítulo sobre su presencia en los conflictos mundiales. Pero las cifras son difíciles de ignorar, el mismo SIPRI ha publicado que EEUU es responsable del 41% del gasto militar en el mundo y ha participado en 201 de los 248 conflictos librados tras la 2ª Guerra Mundial.

Su presencia en conflictos como Yemen, Siria, Irak y Afganistán son una mota de polvo comparado con el control de las políticas económicas mundiales y su claro liderazgo político a nivel mundial en cualquier asunto. Aunque hemos de destacar que todavía se le escapa el formar parte de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que dominan el oligopolio del brent y que, básicamente, controlan buena parte de la vida de los ciudadanos del mundo. Un desliz que EEUU solventará con el fracking, por lo tanto podemos decir coloquialmente que ‘EEUU está en todos los saraos’.

¿Qué les preocupa hoy en día a los expertos en relaciones internacionales?

Desde el Council on Foreing Relations[6] (institución estadounidense) hacen una encuesta anual a los expertos de su propio consejo para evaluar los conflictos, su probabilidad de ocurrir, su escalada y su impacto. Este análisis siempre en base a lo que pueda afectar al gobierno de los Estados Unidos, pero resulta útil consultar la encuesta por la misma razón que venimos comentando en párrafos anteriores sobre la influencia estadounidense en la política mundial.

La intensificación de la guerra civil en Siria y la fractura de Irak con la presencia del Estado Islámico; un ataque con víctimas en masa en el territorio de Estados Unidos o un aliado tratado; un ciberataque altamente perturbador; una crisis grave con o en Corea del Norte; la inestabilidad política en la Unión Europea derivada de la afluencia de refugiados y migrantes; la continua fracturación política de Libia; el aumento de las tensiones entre israelíes y palestinos; la violencia política en Turquía; el aumento de la inestabilidad política en Egipto; la violencia y la inestabilidad en Afganistán; y la continua violencia sectaria entre suníes y chiíes son las preocupaciones que hoy en día, ocupan las agendas de política exterior[7].

Pese a suponer un gran resumen global sobre los conflictos en el mundo, todavía se escapan muchos otros que obligarían a Consejo a crear una lista sin fin de panoramas violentos. Al hablar de violencia no sólo se incide en los conflictos armados, las delicadas políticas europeas con la inmigración, el desenlace fatal del referéndum británico del pasado 23 de junio y el auge de los partidos nacionalistas europeos muestran una situación que, alejada de la violencia directa, ofrecen rupturas estructurales de un calado brutal.

El “Estado de la naturaleza contemporáneo” y su complejidad normativa de paz

El modelo psicológico de realismo político de Plauto y Hobbes establecería un estado de la situación actual muy pesimista. Ambos filósofos entendían el conflicto como un proceso natural e inevitable en la naturaleza humana. Aunque no vivimos en constante conflicto, para evitar el enfrentamiento se crea un contrato social adecuado a la sociedad y la cultura de cada región.

Pero el contrato social está creado por los vencedores del conflicto, el que más poder y fuerza tenga establece unas normas de convivencia. Podríamos decir que es un proceso cíclico en el que las sociedades conviven pacíficamente hasta que vuelve a estallar un sentimiento de rechazo hacia el contrato social. Es entonces cuando surge un conflicto y sucede “la guerra como un inevitable para conseguir la paz”, explica Hobbes.

Podemos poner un ejemplo ilustrativo en Asia, con el dirigente filipino Rodrigo Duterte, que ha amenazado con desvincularse de las Naciones Unidas[8] y está estableciendo políticas hobbesianas en la lucha contra el narcotráfico en su país: Ha dado la libertad a sus ciudadanos de aniquilar a cualquier narcotraficante o drogadicto que encuentren por la calle, a sangre fría. Los asesinatos extrajudiciales están a la orden del día y se calcula que han muerto entre 600 y un millar de personas entre junio y agosto de 2016[9]. Normativas violentas para llegar a la paz, diría Duterte.

Probablemente 2016 no se recuerde como un año de conflictos a lo largo de la historia Contemporánea, sino como un año de transición. La casuística de 2001 con los atentados del 11S y las revueltas de la Primavera Árabe estrenando el siglo XXI han asentado un panorama difícil de predecir que nos dejará un mundo muy distinto al acabar el siglo.

 

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