«Más vale no hacer ninguna foto que hacer la última foto»

Reseña

Territorio comanche
Arturo Pérez Reverte Pág. 144 ISBN: 978-84-204-5064-3
Editorial: Alfaguara

Suena el despertador, café en mano enciendes la televisión, última hora en Siria, Gaza… La anónima profesión del corresponsal de guerra termina resumida en un directo de 30 segundos, un reportaje en el semanal del diario o portadas con imágenes impactantes.

 
«El eterno dilema en territorio comanche es que demasiado lejos no consigues la imagen, y demasiado cerca no te queda salud para contarlo». Arturo Pérez Reverte publica Territorio comanche en 1994 para homenajear a los profesionales que, delante y detrás de las cámaras, se juegan su vida a diario en los conflictos para informar. Porque informar, algo que parece tan simple, puede costar la vida.

 
La historia se desarrolla con una trama muy corta. Barles y Márquez son dos corresponsales que trabajan para TVE cubriendo la guerra de los Balcanes. La trama se centra en la inquietante espera para filmar la voladura del puente de Bijelo Polje por los croatas para frenar el avance de la armija bosnio-musulmana.

 

«-Quiero ese puente. Dijo Márquez. Ambos lo queríamos».

 
La narración no dura más de un día hasta que llega la hora de irse para la emisión del telediario. Durante la espera el autor aprovecha para indagar en los recuerdos de Barles, el personaje central, planteando así el panorama de los profesionales de la información que cubrieron las guerras de Chipre, Líbano, Eritrea, la guerra del Sáhara, Las Malvinas, Nicaragua, Chad, la crisis de Libia, Mozambique, Angola, Rumanía, la guerra del Golfo, etc. La mayoría de los recuerdos son anécdotas desordenadas en el tiempo que vivió el autor como corresponsal o que llegaron a sus oídos de bocas de otros colegas de profesión. Entre las historias encontramos situaciones de todo tipo: desde estar rodeado de francotiradores invisibles hasta tomarse unas copas en el hotel Holiday Inn mientras bombardean la habitación 326 ó, incluso, salir a darse un baño en la piscina con máscaras antigás en Dahran.

 
Los personajes de la obra son personajes reales como su compañero José Luis Márquez u otros más famosos como Oriana Fallaci, Corinne Dufka, Fernando Mujica de El Mundo, Ángela Rodicio (apodada la Niña Rodicio) , Miguel González de El País, Gervasio Sanchez, Miguel de la Quadra Salcedo o Paco Custodio entre muchísimos. Siempre utiliza descripciones muy gráficas, le gusta destacar detalles y curiosidades que nos ayuden a caracterizar el personaje y sentirlo más cercano.

 

«Barles recordaba a Custodio, con su mostacho británico, mostrándole los garabatos del bloc mientras la luz de la linterna se le reflejaba en los cristales de las gafas.»

 
Reverte consigue transmitir al lector la sensación profunda y cercana de estar viviendo los hechos en primera persona, a pesar de narrarnos la historia de manera pasiva con una narración en tercera persona. Durante su narración, a través de anécdotas y descripciones homenajea a los periodistas fallecidos durante conflictos como Nino (técnico y cámara de TVE), Alessandro Otta o Marco Luchetta.

 
Finalmente Reverte no puede evitar verter una imagen irónica y ácida sobre los editores de Torrespaña y su visión capitalista de la empresa informativa. Trabajar en una zona de conflicto implica trabajar en medio del caos, esto supone que muchas veces los gastos son injustificables: se quedan cuentas sin pagar o hay que sobornar a alguien para cruzar la aduana, y de este tipo de trámites no es fácil conseguir facturas.

 
Tras recibir duras críticas, Reverte se ve obligado a aclarar que nunca fue una obra autobiográfica, a pesar de que narre historias de personajes reales. Tras la publicación del libro, Reverte presentó su dimisión en TVE al enterarse de que se le pretendía abrir un expediente por justificar gastos en zonas de guerra con facturas falsas, acusación basada en unas líneas de la novela. En su dura carta al director de TVE, Ramón Colom, Reverte lo invita a leer el libro con detalle para comprobar que no había base para el expediente. La carta de renuncia terminaba así: «Que os den morcilla, Ramón. A ti y a Jordi García Candau».

 
Últimamente, enunciar con orgullo ser ‘estudiante de periodismo’ puede provocar que seas el foco de miradas de desconfianza, críticas o comentarios cínicos. Los periodistas no estamos muy bien valorados y, aun así, algunos se juegan la vida por su trabajo. El retrato que hace Reverte sobre la vida de los reporteros de guerra nos deja un sabor amargo y, para mí, de gratitud. Gracias a ellos podemos hacernos una idea de lo que ocurre en los lugares más inaccesibles, ya que los lectores son una de las razones más importantes del reportero a la hora de jugarse la vida.

 
Saber que que nuestro testimonio es asimilado, leído y denunciado en otra parte del mundo es lo que consigue dar sentido a esta humilde profesión. El objetivo es simple: Hacer llegar la información. Mientras los lectores, desde casa, nos comemos una tostada en el salón, con legañas en los ojos, a salvo de todo peligro…

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